Argentina registró su peor desempeño en las pruebas PISA en 20 años

El exdirector de Escuelas de Mendoza, Jaime Correas, advirtió sobre la falta de respeto, las distracciones digitales y el clima de descalificación. Reclamó recuperar condiciones básicas para enseñar y aprender.
 
Nacionales08/09/2026Javier PueblaJavier Puebla
Argentina registró su peor desempeño en las pruebas PISA en 20 años
Argentina registró su peor desempeño en las pruebas PISA en 20 años

 

Argentina obtuvo su peor resultado en los últimos 20 años en las Pruebas PISA 2025 y el país se ubicó en el puesto 72 sobre los 91 países evaluados.

 

Jaime Correas, integrante de la Coalición por la Educación y exdirector de Escuelas de Mendoza, vinculó los malos resultados de Argentina en las pruebas PISA 2025 con el desorden en las aulas, la pérdida de respeto hacia los docentes y un clima social que, según sostuvo, dificulta el aprendizaje.

 

"Yo creo que eso está en el fondo de nuestros malos resultados", afirmó. Entre los problemas que consideró centrales mencionó las clases que no comienzan a horario, la falta de atención y el debilitamiento de la autoridad de docentes y directivos.

 

La evaluación internacional mostró un retroceso argentino respecto de 2022 en las tres áreas: los estudiantes obtuvieron 367 puntos en Matemática, 389 en Lectura y 393 en Ciencias. Los descensos fueron de 11, 12 y 13 puntos, respectivamente, según los resultados de la OCDE.

 

En Matemática, el 76% quedó por debajo del nivel mínimo de desempeño. En Lectura, esa proporción llegó al 59%, frente al 55% de 2022, y apenas el 1% alcanzó los niveles más altos. El país se ubicó octavo entre los participantes latinoamericanos en las tres áreas. Detalle de los resultados.

 

Para Correas, las dificultades responden a un deterioro prolongado. "Más que volver 20 años atrás, nunca pudimos evolucionar desde ahí", sostuvo. Cuestionó que durante años se hayan alentado, bajo el argumento de ampliar derechos, prácticas que redujeron la evaluación, el control de las inasistencias y las posibilidades de sancionar.

 

También consideró que esos problemas siguen sin ocupar un lugar prioritario en la agenda. Reclamó una atención sostenida sobre la educación y advirtió que la preocupación no puede limitarse al día en que se difunden las pruebas PISA o Aprender: "Es un tema para ocuparse todos los días".

 

Sobre los celulares, reconoció que pueden ser una herramienta pedagógica, pero sostuvo que primero deben existir condiciones adecuadas para utilizarlos. "Primero hay que tener el aula ordenada", planteó. Según explicó, cuando su uso no está orientado a una actividad educativa, funcionan como un factor de distracción.

 

Extendió esa preocupación a lo que ocurre fuera de la escuela: señaló que pasar buena parte del día pendiente del teléfono o de las redes sociales también dificulta la concentración necesaria para estudiar.

 

"Nada se aprende espontáneamente", remarcó. En esa línea, advirtió contra la búsqueda de atajos tecnológicos y sostuvo que la inteligencia artificial puede aportar recursos a la enseñanza, pero no reemplaza el trabajo de alfabetización ni la intervención de docentes capacitados. Reivindicó la atención, el silencio y la repetición como parte de los procesos de aprendizaje.

 

Al comparar a Argentina con otros países latinoamericanos, señaló que Uruguay y Chile presentan mejores resultados, aunque también enfrentan dificultades vinculadas con las distracciones digitales. A su entender, el país agrega problemas propios, entre ellos la aceptación del desorden y de la idea de que "todo da lo mismo".

 

Su diagnóstico incluyó una crítica al tono del debate público y al ejemplo que ofrecen las autoridades. "Hemos pasado de esa aceptación al insulto", afirmó. Sostuvo que la descalificación del otro como forma de imponer una posición perjudica la construcción de un clima de respeto dentro de la escuela.

 

"Creo que lo que tenemos es un problema social", resumió. Si bien reconoció la importancia de discutir métodos de enseñanza y revisar aspectos técnicos, insistió en que los docentes trabajan condicionados por lo que sucede a su alrededor. "La escuela no puede ser una burbuja", expresó.

 

Para revertir ese escenario, reclamó recuperar el respeto, el orden y las condiciones necesarias para aprender. "No es sorprendente que los resultados den mal. Lo sorprendente sería que dieran bien", concluyó.

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