


Una joven fueguina denunció por violencia de género al futbolista Gonzalo Morales
Javier Puebla
La denuncia tomó estado público luego de que Dinna difundiera un mensaje en sus redes sociales en el que afirmó haber sufrido violencia física, psicológica y verbal durante la convivencia con el jugador. En la publicación también compartió fotografías de las lesiones que asegura haber padecido y capturas de conversaciones que, según indicó, forman parte de los elementos que respaldan su relato.
En su testimonio, la joven sostuvo que durante la relación fue víctima de agresiones y de distintas situaciones de control y amenazas. Además, afirmó que demoró en realizar la denuncia por miedo y que decidió hacer pública su historia con el objetivo de alentar a otras mujeres que atraviesen situaciones similares a buscar ayuda y denunciar.

La causa ya se encuentra en la Justicia, que ordenó una restricción perimetral contra el futbolista como medida preventiva mientras se desarrollan las actuaciones correspondientes.
Hasta el momento, Gonzalo Morales no realizó declaraciones públicas sobre la denuncia. Tampoco Barracas Central emitió un comunicado oficial en relación con el caso.

La investigación judicial deberá determinar las responsabilidades y esclarecer los hechos denunciados, respetando las garantías procesales de todas las partes involucradas.
El mensaje completo a través de Instagram
Nunca imaginé tener que hacer público algo así. Me cuesta muchísimo escribir estas palabras y todavía siento miedo, vergüenza y dolor. Pero entendí que el silencio solo protege a quien ejerce la violencia, nunca a quien la sufre.
Durante meses fui víctima de violencia física, psicológica y verbal por parte de quien fue mi pareja hasta ayer que convivíamos, Gonzalo Morales, futbolista de Barracas Central.
Viví situaciones que jamás pensé que iba a soportar: me agarró del pelo, me ahorcó, me golpeó con piñas y patadas hasta dejarme días sin poder caminar, y me amenazó diciéndome que no iba a salir viva de su camioneta. Iba a entrenar y me encerraba en la casa con llave por qué tenía miedo que me vaya y lo deje.
Cuando quise denunciarlo, también recibí amenazas de su familia. Me decían que “con plata se arregla todo”, que nadie me iba a creer y que, si denunciaba, me iban a venir a buscar. Ese miedo hizo que tardara en animarme a hablar.
Nadie tiene derecho a humillar, manipular, controlar, golpear o amenazar a otra persona.
Hoy la denuncia ya está hecha. Comparto esto porque no quiero seguir callando y porque deseo que ninguna otra mujer tenga que pasar por lo mismo. Pedir ayuda no es un signo de debilidad; es el primer paso para salir de la violencia.
Hoy elegí hablar. Y ya no tengo miedo de contar mi verdad.


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